¿Hay un “después de Joao Cla”?

por Alfonso

Una de las razones por la que Joao Clá pudo crear los Heraldos del Evangelio, fue que el entonces Presidente de la TFP Brasileña y Fundador de la “familia de almas” que se aglutinó a su alrededor, no supo (o no quiso) establecer de forma clara e indiscutile una sucesión ordenada. En el seno de la TFP de entonces convivían varias corrientes de pensamiento, cuyo común denominador era Plinio, pero que tenían poco en común entre ellas.

Desde mediados de los ’70, Joao Cla obtuvo control del “éremo” de Sao Bento, y más tarde su satélite el “Praesto Summ”. Sin aprobación eclesiástica alguna, inició un proyecto de vida religiosa, incluyendo votos, uso de hábitos, cánticos de las horas del oficio, clausura, etc., que atrajo a miembros de la TFP con inquietudes de tipo religioso. Siempre se habló en la TFP de que había “tres vertientes” de la vocación: la vertiente religiosa, la política y la social. Simplificando mucho, se podría decir que la vertiente religiosa encontraba satisfacción en la oración, la política en la acción pública y la social en el estudio de los aspectos sociales y culturales de la crisis “revolucionaria”. Pero me voy por las ramas.

Joao Cla, con el apoyo al menos pasivo si no entusiasta de Plinio, aglutina jovenes TFPisticos en estas casas donde conduce su experimento religioso. Si hay algo que el Fundador de los Heraldos es, es un tipo muy hábil en manejar políticas y corrientes internas, y desde muy temprano supo conferir a la sección que lideraba, un aura de prestigio y exclusividad que atraía a mucha gente, incluso aquellos que no necesariamente sentían atracción por el lado religioso del estilo de vida que promocionaba. Sumemos a esto el apoyo de Plinio, y no le costó a Joao Cla establecer una sólida base de poder dentro  de la TFP, que a partir de mediado de los años ’80 comienza a expandirse a otras áreas de la organización. Primero en Brasil y luego en otros países del mundo, con varios grados de éxito.

En paralelo, la TFP “clásica” (por llamarla de alguna manera), continuaba su marcha. No nos confundamos. Compartían la mayor parte de las ideas sectarias del movimiento que ya existían en aquel entonces (siendo la veneración por Plinio una no menor), pero en lo práctico estaban más enfocados a la acción púbica: sean campañas en la calle, o de “mass mailing”, o la publicación de revistas y libros sobre temas de actualidad. Plinio nunca dejó de lado este aspecto de la vida de la TFP, y hasta sus últimos días pudo actuar de tal forma que todos en la TFP se sentían seguidores y fieles al mismo hombre. Ese fue el gran talento de Plinio en lo que hace a las relaciones humanas. Mantener la unidad.

Este talento, sin embargo, tuvo un corolario menos feliz. Por razones principalmente históricas, llegó un momento en la vida de Plinio que éste no quiso quedarse solo. Como a él le gustaba decir poéticamente, se sentía orgulloso de que “de los que Nuestra Señora me dió… no perdí ninguno”. Plinio no era de temperamento autoritario, y prefería “diexar fazer” a sus seguidores y jefes de segunda línea.

Esta actitud terminó siendo problemática, ya que muerto Plinio, se enfrentaron dos facciones que se sentían con derecho a liderar el movmiento. Plinio conocía la existencia de estas facciones, pero prefirió imponer, de alguna manera, una “tregua armada”. De un lado, el “Consejo Nacional de la TFP” era la entidad que tenía autoridad legal sobre la Sociedad Brasileña de Defensa de la Tradición, Familia y Propiedad. De otro lado, Joao Cla contaba con el numero preponderante (de hecho abrumadoramente mayoritario) de miembros de la “familia de almas” que existía dentro de la TFP. Muerto Plinio, no tardaron mucho ambos bandos en declararse una guerra judicial sin cuartel, cuyo resultado fue, en gran medida, la victoria de Joao Cla, que se quedó con el nombre y los símbolos de la TFP para archivarlos definitivamente, mientras fundaba los Heraldos del Evangelio para normalizar, de la boca para afuera al menos, su relación con la Iglesia. El otro lado, conocido como “provectos” (o “fumazas”), se quedó con algunas propiedades, muchos de los miembros más viejos, y se aglutinan ahora, en Brasil al menos, en el Instituto Plinio Correa de Oliveira (IPCO). Naturalmente, al día de hoy, ambos bandos se consideran los fieles herederos de Plinio. Y ninguno osa criticarlo. Es lo único que tienen en común.

Esta historia no tan lejana debe estar fresca en la memoria de Joao Cla ahora que anuncia al mundo su renuncia a la Presidencia de los Heraldos. Tomando una página de Fidel Castro, y haciendo algo muy diferente a lo que hizo Plinio, elige retirarse (en lo formal al menos), para poder elegir su propio sucesor antes de que se le acaben los días en este mundo, o una intervención no tan improbable del Vaticano lo haga por él. Es de hecho una jugada muy inteligente que merece respeto.

Conociendo que gran parte del liderazgo actual de los Heraldos del Evangelio se han consagrado como esclavos a Joao Cla, así como en su momento muchos en la TFP se habían consagrado esclavos a Plinio en la “Siempreviva” (Joao Cla era uno de ellos adquiriendo el nombre Plinio Fernando), es incocebible que cualquier heredero elegido de este cuadro tome un rumbo diferente al que Joao Cla indique desde sus lujosos aposentos en la casa Lumen Prophetae de los Heraldos.

Requeriría una conversión al mejor estilo San Pablo en el camino a Damasco, para que individuos como el actual presunto heredero, Pe. Pedro Morazzani, o tantos otros ex-miembros de la TFP que encontraron tardías vocaciones sacerdotales al llamado de Monseñor Joao, tomen el liderazgo y realicen una limpieza de las prácticas sectarias que ellos mismos practican hasta ahora y lo han hecho durante 30 o 40 años. Pero quien sabe… para Dios nada es imposible.

Todos queremos que los Heraldos se enfoquen, como ellos dicen, en el “respeito e devoção com que os Arautos celebram o Sacrifício Eucarístico; com que administram os Sacramentos a todos; com que adoram permanentemente o santíssimo Corpo de Cristo presente nos ostensórios das capelas e Igrejas; com que celebram diariamente as Horas; com que prestam culto especial, principalmente mediante a recitação do rosário, à Virgem Mãe de Deus; nem, muito menos, a harmoniosa cooperação com as autoridades eclesiásticas em todas as suas esferas.”

Lamentablemente, es difícil dejar de lado 50 años de carga ideológica, mucha de ella sectaria, apocalíptica, soberbia y ciertamente no cristiana.

Pero la renuncia del Fundador es una gran oportunidad para que eso ocurra. Rezamos para que use este tiempo para meditar y rezar mucho, y deje que el Espíritu Santo ilumine a un sucesor que no esté contaminado con la mismas ideas que están causando tanto rechazo en los medios católicos. De no ser así, es posible que los Heraldos no sobrevivan como una asociación en comunión con la Iglesia Católica.

This article has 1 comments

  1. Marcos Luis Blanco y Centurión Reply

    A riesgo de equivocarme, creo que la jugada muy inteligente de Mons. João Scognamiglio Clá Dias E.P. se desperdiciaría si inmediatamente no se pusiesen paños fríos sobre el asunto.
    Algo deben cambiar para que las cosas no cambien. Si el nuevo Superior General fuese el presento heredero, resultaría claro que en vez de cambio habría continuismo.
    Para mostrar un cambio, el sucesor debería ser una persona de perfil bajo y preferentemente que viva fuera de Caieiras.

Leave a Comment

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos necesarios están marcados *